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Lo que no dicen de ti es que te cantábamos La Virgen de la Paloma y te entraba la risa floja. Lo que no dicen de ti es que te gustaba el pincho de tortilla de Pepa y el conejo al ajillo pastor que te preparaba mi madre.
Lo que no dicen de ti es que casi todos los taxistas de Madrid te conocían y que a las ocho de la mañana ya estabas mandándonos mensajes.

Lo que no dicen de ti es que tu mesa era un desastre y que los números de teléfono te los sabías de memoria. Lo que no dicen de ti es que a medio día y sutilmente hacías que la madre comiese fruta.

Lo que no dicen de ti es que casi siempre llegabas con el abrigo desabrochado, el sombrero torcido y la bufanda roja sin rodearte el cuello. Lo que no dicen de ti es la mirada nostálgica que ponías cuando hablabas de tu padre y los trenes.

Lo que no dicen de ti son tantas cosas que sólo las saben los que se cogían de tu brazo para caminar despacio.Lo que no dicen de ti es que eras amante y amado, caballo salvaje, luz y sombra, genio y figura, búho sagaz, águila inmensa, libro babilónico, pincel impaciente, lengua mordaz, corazón vivo.

Lo que no dicen de ti es que tu silencio acallaba a los presentes, que tu presencia nos ponía en firme, que tu ternura nos encogía el alma y que tu risa era un virus contagioso. Lo que no dicen de tí es que eras capaz de hacer veinte cosas a la vez y de volvernos locos con tus idas y venidas.

 
Lo que no dicen de ti son los apodos cariñosos y la mirada de amor y admiración que muchos te teníamos. No pueden decirlo. Y es que nuestros recuerdos sobre ti, permanecen en silencio y secretamente abrigados por nuestro corazón.

Para A.
Gracias, Maestro

Carmen Vera

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